ALBERTO CEA






SENDEROS DE LA CONTEMPLACIÓN

Espacios creados mediante un profundo tratamiento de color en planos dispuestos en orden geométrico, donde se muestran y ocultan una sucesión de relatos pictóricos que conforman un universo personal.
Un trabajo procesual que se materializa en obras realizadas desde recorridos geométricos y donde se cuestionan los límites tradicionales del cuadro, desde la certeza de que la pintura es algo desmembrado y que la racionalidad puede entenderse como una historia hecha de fragmentos y detalles.
El territorio de la pintura pasa a ser un espacio multiforme lo que amplia la experiencia de la obra para hacer que ésta incluya el espacio circundante.
La presencia de una pictoricidad en el sentido de huella, transparencia o signo es uno de los elementos principales en torno a los cuales se construyen los cuadros. Con tratamientos donde la sustancia pictórica es lo relevante.
A través de una estética de lo fragmentario, donde el detalle mínimo remite o alude a la totalidad, en el cuadro, como en un poema, se produce la manifestación de lo no visible, de aquello que reclama la intemporalidad de la contemplación, de un mundo sensorial en el que aparecen citas a territorios de la naturaleza, motivos ornamentales, muros o celosías.

El proceso como intervalo.
Se despliegan los espacios múltiples
como estancias que albergan al ojo.
Repeticiones. Ficciones. Simulacros del mundo.
Ruinas. Mapas sin lugar.
Laberintos y revelaciones del paisaje.
Escenarios de lo sensorial.
Triunfo del color.

A través del proceso pictórico se reivindica el acto mismo de pintar.La superposición de capas de color hacen que la superficie de la tela se transforme en un tejido vivo, donde cobran importancia los pequeños matices.
La pintura aparece borrada delatando el proceso de su fabricación, la temporalidad de su ejecución. Estratos, huellas, arañazos, señales, transparencia o signos que confieren a la superficie un valor epidérmico y táctil.
Aparecen carcomidas geometrías, muros de sombría ceniza y arena soleada, ordenadas construcciones de indefinible fechado, frutos y residuos de un presentimiento, espesura de plantas, laberintos o escenarios arquitectónicos recompuestos a través de fragmentos.
La función del formato clásico de la pintura se ve alterada por la acción expansiva del color, por la forma que dibuja el bastidor y por el espacio exterior al cuadro que sin pertenecer a la obra actúa en su percepción latente. El espacio que rodea a la obra queda incluido de modo inseparable a la misma, provocando lecturas sesgadas, una visión lateral del objeto-pintura.
Al usar lienzos con diversas formas, se refuta la lectura del cuadro-ventana y se centra en las cualidades constructivas y cromáticas del mismo, revelándose como un objeto.
En ocasiones los trabajos se organizan en series que exploran diferentes soluciones compositivas y cromáticas, el resultado se organiza constituyendo una obra a modo de un políptico formado por pequeñas piezas.

Pertenecer a lo mirado.
Mirillas hacia huecos fortuitos.
Primitivas plantas emergen esparcidas
como en un pictograma cifrado.
Los límites del cuadro se contradicen,
condensan otro cuadro:
un políptico de color sembrado de trampas.

Se investiga la importancia del concepto de superficie y el problema de los límites del soporte en la pintura, a través de obras que cuestionan y expanden la experiencia estética del observador. Se exploran las relaciones entre estatismo y dinamismo, homogeneidad y disparidad a través de nuevos formatos determinados por los espacios imbricados de la pintura.
La nueva era de la comunicación electrónica se distingue por la pérdida de la dimensión de la experiencia estética y de su unicidad en el espacio y tiempo sociales.
Sin embargo, la experiencia de la pintura sigue manteniendo su poder de atracción y capacidad de asombro. El misterio del objeto pictórico reafirma el poder del aura del objeto artístico, convoca a su alrededor una reflexión, el tono pausado y contemplativo que requiere un lenguaje hecho de matices.
Se trata en suma de crear espacios para el asombro de lo sensorial. Infinitos senderos que se bifurcan o diluyen en nuevos recorridos. Senderos que invitan a la contemplación.

Estelas tránsitos.
Emerge la reminiscencia entre el parpadeo,
imagen de lo entrevisto y lo acontecer, una huella.
Fragmentos de ese tenue envoltorio que construye
la epidermis de la pintura: luz, destellos, desperdicios.
Reflejo de un paisaje dentro de un paisaje.
Y un rumor de fondo como eco de las evidencias.

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